Los dominios como marca

Ser recordados, reconocidos, que confíen en nosotros, que nos valoren… Como humanos, todos aspiramos a alcanzar estos objetivos. Las empresas actúan de forma similar. Cualquier empresa trabaja para que su marca llegue a ser reconocida, valorada y de confianza. Sólo así se consigue la estabilidad de un negocio.

La marca refleja la identidad de la empresa y elegir un nombre u otro para nuestro proyecto tiene una influencia enorme para su desarrollo. En Internet, la marca se expresa con mucha mayor importancia a través de los nombres de dominio.  El dominio, además de ser el nombre que identifica nuestro proyecto, constituye el lugar virtual donde nos encuentran nuestros clientes.

Un dominio largo y difícil de pronunciar dificulta que nuestros clientes nos identifiquen con un producto o servicio. También para que recuerden cómo encontrarnos. En el otro extremo de la balanza, un nombre demasiado común puede hacernos menos reconocible o identificables. Dicho de otra forma, es muy diferente llamarse “Rumpelstiltskin” que “Juan” o “María”.

Elegir el nombre y el dominio adecuados para poner en marcha un proyecto se convierte con frecuencia en un auténtico reto. Particularmente porque es muy posible que nuestras primeras opciones ya hayan sido elegidas por otros.

En ese momento, obtener el nombre ideal se convierte en una cuestión de creatividad o de dinero. La creatividad nos ayudará a encontrar un dominio libre. El dinero nos permitirá hacernos con el dominio que deseamos si éste se encuentra en manos de otra persona o empresa.

Sea cuál sea el camino que sigamos para obtener nuestro dominio, nuestra elección tendrá una gran importancia a la hora de posicionarnos en el mercado. Un nombre inventado requerirá invertir en marketing y publicidad para conseguir que nuestros clientes potenciales lo reconozcan y asocien a nuestros servicios.

Por ese motivo, algunas empresas eligen dominios que incluyen el nombre de sus servicios o productos. Estos dominios, conocidos como “dominios genéricos”, son fáciles de recordar y pueden facilitar la tarea de obtener y retener clientes. Poseer el dominio abogado.com es el equivalente a llamarse “Abogado” de nombre y vivir en la calle del abogado número 11.

Los dominios genéricos suelen favorecer una mayor confianza por parte de  los usuarios. Esto es debido a un efecto psicológico llamado “prejuicio de disponibilidad” por el cual tendemos decantarnos por aquellas opciones que nos resultan familiares. Puesto que la marca está formada por una o varias palabras que utilizamos habitualmente, automáticamente estaremos predispuestos a elegirla frente a otras opciones. Es por ese motivo que los dominios genéricos tienden a conseguir una mayor tasa de clic en los buscadores o en la publicidad online.

En parte, construir una marca es conseguir que ésta nos resulte familiar. Poseer un dominio genérico puede facilitarnos la tarea. Por otro lado, es más difícil expresar una identidad diferenciada utilizando un dominio de este tipo. Al fin y al cabo, la marca siempre estará asociada a la palabra que la compone y las connotaciones que le son propias.

De la misma forma que un término inventado requiere inversión para convertir nuestra marca en familiar,  un dominio genérico precisa esfuerzo hacerla única e identificable. Elegir el tipo de dominio adecuado según nuestros recursos o incluso aprovechar la ventaja de ambos tipos de dominio es la clave para construir una marca sólida en Internet.

Foto: Branded por Jeffrey Zeldman publicada bajo licencia Creative Commons 2.0